LA AGRUPACIÓN DE
LOS AMIGOS DE DURRUTI
1937-1939
A mis padres, que me hablaron de la guerra y de Durruti, y de un mundo de esperanza, justo y solidario.
1.- INTRODUCCIÓN Y CRONOLOGIA
Los Amigos de Durruti fueron un grupo anarquista, fundado en marzo de 1937. Sus miembros eran milicianos de la Columna Durruti opuestos a la militarización, y/o anarquistas, críticos respecto a la entrada de la CNT en el gobierno republicano y el de la Generalidad.
La importancia histórica y política de la Agrupación de Los Amigos de Durruti radica en su intento, surgido (en 1937) del propio seno del movimiento libertario, de constituir una vanguardia revolucionaria, que pusiera fin al abandono de los principios revolucionarios, y al colaboracionismo con el Estado capitalista; de forma que la CNT defendiera y profundizara las "conquistas" de julio de 1936, en lugar de cederlas poco a poco a la burguesía.
Nos proponemos estudiar el proceso de surgimiento de Los Amigos de Durruti, sus características ideológicas y la evolución de su pensamiento político, sus relaciones con los trosquistas, y las razones del fracaso de su combate por regenerar la pureza doctrinal del anarcosindicalismo, y salvar la revolución española de 1936.
A continuación se expone una cronología no exhaustiva, de carácter selectivo, que aporta datos inéditos. Esta cronología1[1] se propone facilitar el conocimiento de los hechos históricos esenciales, para que así se pueda comprender con mayor facilidad y rigor las argumentaciones expuestas en este estudio.
17-21 de julio de 1936. Alzamiento de militares y fascistas contra el gobierno de la República. Los sublevados fracasan allí donde los trabajadores se les oponen con las armas en la mano, y obtienen la victoria allí donde se intenta pactar, o no se produce el enfrentamiento armado. Empieza la guerra civil.
21 de julio de 1936. Constitución en Cataluña del Comité Central de Milicias Antifascistas (CCMA).
11 de agosto. Formación del Consejo de Economía, con participación de la CNT y el POUM.
19-25 de agosto. Proceso de los dieciséis en Moscú. Ejecución de Zinoviev, Kamenev y Smirnov. Detención de Radek.
26 de septiembre. Tres anarquistas entran en el gobierno de la Generalidad de Cataluña: Doménech, Fábregas y García Birlán.
2 de octubre. Disolución del CCMA.
9 de octubre. Decretos de la Generalidad sobre disolución de los Comités Locales (de carácter revolucionario), que han de ser sustituidos, en breve plazo, por nuevos ayuntamientos de carácter frentepopulista.
24 de octubre de 1936. Decretos de la Generalidad sobre la militarización de las Milicias Populares y sobre orden público.
4 de noviembre de 1936. Cuatro ministros anarquistas en el gobierno de la República: García Oliver, Federica Montseny, Joan Peiró y Juan López. La posición de Durruti se expresa en un discurso radiofónico, de gran impacto entre los obreros barceloneses, en el que se opone al decreto de militarización de las Milicias Populares, amenaza a la burguesía por sus avances contrarrevolucionarios, critica la burocratización de la CNT, y aboga por un mayor compromiso y sacrificio de la retaguardia para ganar la guerra.
6 de noviembre. El gobierno de la República (con los cuatro nuevos ministros anarcosindicalistas recién incorporados) huye de Madrid y se establece en Valencia. El pueblo de Madrid responde con el grito de "¡Viva Madrid sin gobierno!"
7 de noviembre. Las Brigadas Internacionales intervienen en el frente de Madrid.
9 de noviembre. Constitución de la Junta de Defensa de Madrid.
20 de noviembre de 1936. Muerte de Durruti en el frente de Madrid: vía libre para el anarquismo de Estado propugnado por el sector oficial de la CNT-FAI. 3
6 de diciembre. Balius publica en Solidaridad Obrera un artículo titulado "El testamento de Durruti" en el que dice: "Durruti afirmó rotundamente que los anarquistas exigimos que la Revolución tenga un carácter totalitario".
16 de diciembre de 1936. El POUM es excluido del gobierno de la Generalidad.
17 diciembre de 1936. Balius publica un artículo en Solidaridad Obrera, en el que denuncia las actividades contrarrevolucionarias del político democratacristiano Manuel Carrasco i Formiguera, que se ve obligado a exilarse para salvar su vida.
21 de diciembre. Consejos de Stalin a Largo Caballero.
29 de diciembre de 1936. Se publica el número 1 de Ideas.
26 de enero de 1937. Balius es nombrado director de La Noche.
5 al 8 de febrero de 1937. Asamblea plenaria de las columnas confedérales y anarquistas, reunida en Valencia para tratar el tema de la militarización.
2 de marzo de 1937. El diario La Noche publica una nota en la que se hace una presentación de los objetivos, características y forma de asociarse a la Agrupación de Los Amigos de Durruti.
4 de marzo de 1937. La Generalidad publica el decreto de disolución de las Patrullas de Control. Nin en La Batalla glosa favorable y esperanzadamente un artículo de Balius publicado el 2 de marzo en La Noche.
11 de marzo. Ideas exige la destitución de Aiguadé.
17 de marzo de 1937. Constitución formal de la Agrupación de Los Amigos de Durruti. Balius es nombrado vicesecretario. Ruiz y Carreño son miembros de la junta directiva.
21 de marzo de 1937. La asamblea de la Columna de Hierro vota su militarización o disolución: se aprueba la militarización.
Finales de marzo y primeros de abril de 1937. Octavilla firmada por la Agrupación Amigos de Durruti.
8 de abril. Balius publica en Ideas un artículo titulado "Hagamos la revolución" en el que dice: "si [Companys] tuviese a su disposición un contingente crecido de fuerzas armadas, amarraría de nuevo a la clase trabajadora al dogal capitalista."
14 de abril. Manifiesto de Los Amigos de Durruti contra la celebración del aniversario de la proclamación de la República.
18 de abril de 1937 (domingo). Mitin de Los amigos de Durruti en el Teatro Poliorama, presidido por Romero, en el que intervinieron Francisco Pellicer, Pablo Ruiz, Jaime Balius, Francisco Carreño y Vicente Pérez "Combina".
25 de abril de 1937. Asesinato del dirigente ugetista Roldán Cortada en Molins de LLobregat.
27 y 28 de abril de 1937. Enfrentamiento armado en Bellver de Cerdaña entre anarquistas y fuerzas de la Generalidad. Muerte a tiros de Antonio Martín, alcalde anarquista de Puigcerdá.
Finales de abril. Cartel de la Agrupación, encolado en árboles y muros por toda la ciudad de Barcelona, en el que Los Amigos de Durruti difunden su programa: "Todo el poder a la clase trabajadora. Todo el poder económico a los sindicatos. Frente a la Generalidad, la Junta Revolucionaria."
1 de mayo de 1937 (sábado). Jornada laborable: la Generalidad había prohibido la conmemoración del Primero de Mayo para evitar disturbios y enfrentamientos. Reunión del gobierno de la Generalidad, en la que se felicita al comisario de Orden Público por los éxitos alcanzados. Se constituye una comisión, formada por Tarradellas (Primer consejero), Rodríguez Salas (comisario de Orden Público) y Artemi Aiguadé (consejero de Seguridad Interior), que se reúne inmediatamente a puerta cerrada para tratar temas urgentes, aún pendientes, relativos a orden público y seguridad. La Sección BL lanza una octavilla.
2 de mayo de 1937 (domingo). Mitin de Los Amigos de Durruti en el Teatro Goya, en el que se proyectó el film "19 de julio", glosado por Jaime Balius, y en el que intervinieron además "Liberto Callejas" y Francisco Carreño. Militantes de la CNT interrumpen una conversación telefónica entre Companys y Azaña.
3 de mayo de 1937 (lunes). Poco antes de las tres de la tarde tres camiones de guardias, mandados por Rodríguez Salas, pretenden ocupar la Telefónica, siguiendo las órdenes de Artemi Aiguadé. La resistencia armada de los trabajadores cenetistas en los pisos altos se lo impide. En pocas horas se forman multitud de grupos armados y se levantan las primeras barricadas. La movilización se produce en torno a dos bandos, por una parte CNT y POUM, por la otra la Generalidad, PSUC, ERC y Estat Català. Cierran los comercios. Los tranvías dejan de funcionar a las siete de la tarde. A esa misma hora se reúnen, en la Casa CNT-FAI de Vía Durruti, el Comité Regional de la CNT y el Comité ejecutivo del POUM. La máxima reivindicación de la CNT es la dimisión de Rodríguez Salas y de Artemio Aiguadé, a la que se opone obstinadamente Companys.
4 de mayo de 1937 (martes). El tiroteo ha durado toda la noche.
Numerosas barricadas y violentos enfrentamientos en toda la ciudad. En el barrio de Sants son desarmados 400 guardias. Companys pide al gobierno de Valencia aviones para el bombardeo de los edificios y cuarteles de la CNT2[2]. La artillería de Montjuic y el Tibidabo, controlada por la CNT, apunta al Palacio de la Generalidad3[3]. "Abad de Santillán", Isgleas y Molina consiguen detener en Lérida a las divisiones mandadas por el cenetista Máximo Franco (miembro de Los Amigos de Durruti) y José Rovira (del POUM), que pretendían "bajar a Barcelona". A las siete de la tarde, en el Principal Palace de Las Ramblas, incautado por el POUM, se reunieron Jaime Balius, Pablo Ruiz, Eleuterio Roig
y Félix Martí, en representación de Los Amigos de Durruti, con "Julián Gorkin", Andrés Nin y Juan Andrade, como representantes del Comité ejecutivo del POUM. Tras analizar la situación, y dada la posición adoptada por la CNT, llegaron al acuerdo de proponer una retirada ordenada y armada de los combatientes en las barricadas. A las nueve de la noche la emisora de radio de la Generalidad emite el llamamiento de los líderes de distintas organizaciones (García Oliver por la CNT) para que cesen los combates. Se hace público un manifiesto del CE del POUM. La Sección bolchevique-leninista lanza una octavilla. La noche del 4 al 5 la Agrupación de Los Amigos de Durruti redacta e imprime una octavilla.
5 de mayo de 1937 (miércoles). Los Amigos de Durruti distribuyen una octavilla. La CNT desautoriza por radio a la Agrupación de Los Amigos de Durruti. Se combate sólo en el centro; el resto de la ciudad está en manos de los Comités de Defensa confedérales. A la 1 de la tarde el ugetista Sesé, recién nombrado consejero de la Generalidad, cae muerto a causa del tiroteo procedente del Sindicato de Espectáculos de la CNT. A las tres de la tarde la emisora de radio de la Generalidad emite un nuevo llamamiento a la paz de los líderes de distintas organizaciones (Federica Montseny por la CNT). Muerte de un hermano de Ascaso. Berneri y Barbieri son detenidos por guardias y militantes ugetistas del Sindicato del Agua. Más tarde aparecieron sus cadáveres.
6 de mayo (jueves). La Batalla reproduce la octavilla de Los Amigos de Durruti. En ese mismo número La Batalla hace un llamamiento para la retirada de los trabajadores. Solidaridad Obrera desautoriza la octavilla de Los Amigos de Durruti.
7 de mayo (viernes). La Batalla repite su llamamiento, condicionado a la retirada de la fuerza pública y a la conservación de las armas. Se reanudan los transportes y se produce cierta normalización. Hacia las nueve de la tarde llegan a Barcelona los guardias de asalto, enviados por el gobierno de Valencia. Companys cede el control del orden público. Las Patrullas de Control se ponen a las órdenes del delegado especial de Orden Público enviado por el gobierno de la República.
8 de mayo de 1937 (sábado). Se deshacen las barricadas, excepto las del PSUC, que permanecen hasta junio. Los Amigos de Durruti distribuyen un Manifiesto que hace un balance de las Jornadas de Mayo. En el Manifiesto se habla de "la traición" de los dirigentes de la CNT.
9 de mayo (domingo). Solidaridad Obrera califica el Manifiesto de demagógico y a los miembros de la Agrupación de provocadores.
17 de mayo. Negrín sustituye a Largo Caballero en la Presidencia del gobierno. El Comité Regional de la UGT de Cataluña exige la expulsión de su seno de todos los militantes del POUM, y apremia a la CNT para que haga lo mismo con Los Amigos de Durruti.
19 de mayo. Aparece el número 1 de El Amigo del Pueblo.
22 de mayo. Reunión del Pleno de las Federaciones locales y comarcales de la CNT en la que se propone la expulsión de Los Amigos de Durruti. Sesión del Ayuntamiento de Sabadell en la que se acuerda el cese del concejal (y delegado comarcal de Economía de la Generalidad) Bruno Lladó Roca, por haber colgado en su despacho un cartel de Los Amigos de Durruti.
26 de mayo. Aparece, sin previo paso por censura, el número 2 de El Amigo del Pueblo. Balius fue encarcelado, días después, como director de una publicación clandestina, previa denuncia del PSUC.
28 de mayo. Se clausura La Batalla y la emisora de radio del POUM. Clausura de la sede social de Los Amigos de Durruti en Las Ramblas. Nota en la primera página de Solidaridad Obrera exigiendo la expulsión de la Agrupación de Los Amigos de Durruti.
6 de junio. Disolución de las Patrullas de Control.
12 de junio 1937. El Amigo del Pueblo número 3.
16 de junio. Detención de los miembros del CE del POUM. Ilegalización del POUM y persecución de sus militantes.
22 de junio 1937. El Amigo del Pueblo número 4.
22 al 24 de junio de 1937. Secuestro y asesinato de Andrés Nin por la policía secreta soviética.
26 de junio. Llamamiento de la Sección bolchevique-leninista, que se solidariza con los militantes del POUM, perseguidos por los estalinistas y la policía de la República, para una acción común de la Sección, la izquierda del POUM y Los Amigos de Durruti.
2 de julio. Octavilla de la Sección bolchevique-leninista de España (por la IV Internacional) que se solidariza con los militantes del POUM, perseguidos por el estalinismo.
20 de julio 1937. El Amigo del Pueblo número 5.
10 de agosto 1937. El gobierno disuelve por la fuerza el Consejo de Aragón.
12 de agosto 1937. El Amigo del Pueblo número 6.
31 de agosto 1937. El Amigo del Pueblo número 7.
21 septiembre 1937. El Amigo del Pueblo número 8.
20 de octubre 1937. El Amigo del Pueblo número 9.
30 de octubre al 1 de noviembre. Congreso de la Union Anarchiste en la que los disidentes Mercier-Vega, Carpentier, Feuillade y Guyard se enfrentan a una mayoría que expresa su solidaridad total con los anarquistas españoles favorables al colaboracionismo con el gobierno burgués.
8 de noviembre 1937. El Amigo del Pueblo número 10.
20 de noviembre 1937. El Amigo del Pueblo número 11.
enero de 1938. Hacia una nueva revolución, folleto redactado por Balius, y editado por Los Amigos de Durruti.
1 de febrero de 1938. El Amigo del Pueblo número 12.
febrero de 1938. Revisión nº 1. Nueva revista teórica anarquista dirigida por Mercier-Vega y Feuillade.
abril de 1938. Révision nº 3. En un estudio sobre el Estado se expone el programa de Los Amigos de Durruti. En la contraportada se anuncia una conferencia de "Ridel" (Mercier-Vega) sobre "La posición y el programa de Los Amigos de Durruti".
junio-julio 1939. Solidarity. El órgano de la Anti-Parlamentary Comunnist Federation, publica "The Friens of Durruti accuse", firmado por el Grupo franco-español de Los Amigos de Durruti.
1 de agosto de 1939. Révision nº 6. Tras un año de no publicarse aparece de nuevo la revista, bajo el subtítulo "Courier des Camps" ("Correo de los campos de concentración"). Aparecen varios artículos y comunicados firmados por "El Grupo franco-español de Los Amigos de Durruti".
julio a septiembre de 1939. L'Espagne nouvelle, subtitulado "L'Espagne indomptée", números 67-69. Publicación en francés de dos artículos de Jaime Balius, y de otros artículos firmados por "A.P." (André Prudhommeaux), "Ridel", Hem Day y Ernestan.
2.- HACIA EL 19 DE JULIO.
En las elecciones del 16 de febrero de 1936, ganadas por el Frente Popular por un reducido margen de votos, los anarcosindicalistas sólo hicieron una propaganda testimonial de sus principios y consignas abstencionistas. Así, entre otros, los líderes anarquistas del grupo "Nosotros" mediante un análisis revolucionario de la situación, consideraron que el enfrentamiento con los militares y los fascistas era inevitable, fuera cual fuese el resultado electoral4[4]. Por lo tanto, empezaron a prepararse seriamente para una inminente insurrección revolucionaria.
El grupo "Nosotros" formado por Francisco Ascaso, Buenaventura Durruti, Juan García Oliver, Aurelio Fernández, Ricardo Sanz, Gregorio Jover, Antonio Ortiz y "el Valencia", se constituyó en Comité Central de Defensa Revolucionaria. Los miembros del grupo "Nosotros" eran hombres de acción, que ejercían un indiscutible liderazgo obrero en las masas cenetistas. A primera hora de la madrugada del 19 de julio estos hombres subieron en camiones, llenos de militantes armados, que lentamente recorrieron el barrio obrero de Pueblo Nuevo hacia el centro de la ciudad. Ponían en práctica la pedagogía libertaria del ejemplo. Las sirenas de las fábricas llamaron a la insurrección obrera. Las escasas armas disponibles habían sido obtenidas en octubre del 34, recogidas en la calle a medida que eran abandonadas por los catalanistas, y en las semanas anteriores al 19 de julio en asaltos a armerías, guardias, depósitos militares, buques, etcétera. Había muchos más militantes que armas, y por cada combatiente que caía eran varios los que se disputaban el fusil o la pistola. Pero el grueso del armamento fue conquistado en el transcurso de la lucha callejera. La rebelión de los militares y fascistas se transformó en insurrección revolucionaria cuando el pueblo, tras el asalto al cuartel de San Andrés, se apoderó de unos 35.000 fusiles. Los trabajadores habían conseguido armarse. Esa fue la causa que determinó la dimisión de Escofet, el comisario de orden público de la Generalidad. Para el partido de la pequeña burguesía catalanista de la Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) y el gobierno de la Generalidad era importante el aplastamiento de la rebelión militar; pero el armamento del pueblo suponía un horrible desastre, más temible que la victoria de los fascistas5[5]. No vamos a
" -Presidente -le dije- vengo a comunicarle oficialmente que la rebelión está completamente vencida [...].
entrar en la absurda polémica de si el peso decisivo de la lucha lo llevaron los cenetistas o la Guardia de Asalto y la Guardia Civil; lo importante es que el resultado de las luchas callejeras del 19 de Julio finalizó con el armamento de la clase obrera, la derrota del ejército, la confraternización de los aparatos represivos con el pueblo en armas y el dominio indiscutible de la calle por parte de los anarquistas.
La CNT, gracias al instinto de clase de sus militantes, consiguió no sólo la derrota de la rebelión militar, sino la victoria de una insurrección proletaria. Pero cuando hizo falta algo más que el instinto de clase, cuando fue necesario aplicar una teoría revolucionaria, todo se vino abajo. SIN TEORÍA REVOLUCIONARIA NO HAY REVOLUCIÓN. Y los propios protagonistas de la victoria de la insurrección obrera se sorprendieron de que la revolución se les escapara de las manos.
No vamos a exponer los hechos, ni los aciertos tácticos que permitieron el triunfo de la insurrección popular en Barcelona. Aquí sólo nos interesa subrayar que el grupo "Nosotros" (secundado por otros grupos de afinidad de la FAI) actuó como una vanguardia revolucionaria, que supo guiar a las masas confedérales hacia una insurrección victoriosa. Nos interesa también subrayar la incapacidad de ese mismo grupo, y de todos los líderes y organizaciones obreras, fueran o no anarquistas, para consolidar la revolución, cuando el poder estaba entre sus manos y sólo era necesario querer tomarlo, porque se puede estar armado con un fusil y estar desarmado políticamente. ¿Cómo explicar, cómo comprender que los líderes indiscutidos de la CNT acudieran a una cita con Companys en el Palacio de la Generalidad? ¿Cómo era posible que se escuchara al hombre que EN LA MADRUGADA del 19 de julio negaba armas a la CNT, y que en tantas ocasiones les había perseguido y encarcelado? ¿Cómo es posible que hubiera aún un gobierno en la Generalidad? ¿Por qué no se fue a la Generalidad a suprimir el gobierno de la burguesía? ¿Por qué no se proclamó el comunismo libertario?6[6]
- Sí Escofet, muy bien -me respondió el Presidente- . Pero la situación es caótica. La chusma armada e incontrolada invade las calles y comete toda clase de excesos. Y, por otra parte, la CNT, potentemente armada, es dueña de la ciudad. ¿Qué podemos hacer para oponernos?
- Por el momento estamos todos desbordados, incluso los propios dirigentes de la CNT. La única solución, Presidente, es la de contener la situación políticamente, sin hacer ninguna dejación de nuestras respectivas autoridades. Si por su parte usted consigue hacerlo, yo me comprometo a hacerme dueño de Barcelona, cuando usted me lo ordene o cuando las circunstancias lo permitan." [ESCOFET, Federico: De una derrota a una victoria: 6 de octubre de 1934-19 de julio de 1936. Ed. Argos-Vergara, Barcelona, 1984, p. 352].
La inusitada velocidad de los acontecimientos, la rapidísima evolución de las situaciones, características de toda época revolucionaria, convirtió en el transcurso de unos pocos meses, a los rebeldes en ministros, a los revolucionarios en "bomberos", a los estalinistas en verdugos, a los catalanistas en mendigos del gobierno central, a los anarquistas en fieles aliados y seguros baluartes del Estado, a los poumistas en víctimas anunciadas de una represión política brutal e inimaginable hasta entonces, a los socialistas en rehenes del estalinismo, a Los Amigos de Durruti en "incontrolados" y "provocadores".
Insistimos en que no nos interesa aquí exponer los hechos, puesto que existen ya obras de distintos autores, de diversos horizontes ideológicos, a las que remitimos a quienes deseen conocer, ampliar o rememorar los hechos históricos concretos7[7]. Lo que aquí nos interesa es descubrir, teorizar y desvelar el mecanismo que permitió convertir a los anarquistas en ministros, a los antimilitaristas en militares, a los antiestatalistas en colaboradores del Estado, a auténticos revolucionarios probados en mil batallas en involuntarios arietes de la contrarrevolución.
Lo que de verdad nos importa es comprender y explicar el fenómeno que sumió a tantos militantes revolucionarios en la confusión y la paradoja de creer que defendían la revolución, cuando en realidad actuaban como vanguardia de la contrarrevolución. Y para ello, en primer lugar, hay que exponer los puntos teóricos8[8] que nos permiten comprender y desvelar la naturaleza del proceso histórico iniciado (sobre todo en Cataluña) en julio del 36:
1.- Sin destrucción del Estado no hay revolución proletaria. El Comité Central de Milicias Antifascistas de Cataluña9[9] (CCMA) no fue un órgano de doble poder, sino de encuadramiento militar de los obreros, de unidad sagrada con la burguesía, en suma, un organismo de colaboración de clases.
2.- El armamento del pueblo no significa nada. La naturaleza de una guerra militar viene determinada por la naturaleza de la clase que la dirige. Un ejército que lucha en defensa de un Estado burgués, aunque sea antifascista, es un ejército al servicio del capital.
3.- La guerra entre un Estado fascista y un Estado antifascista no es una guerra de clases revolucionaria. La intervención del proletariado en uno de esos dos bandos significa que ya ha sido derrotado. Una lucha militar en un frente militar suponía además una insuperable inferioridad técnica y profesional del ejército popular o miliciano.
4.- La guerra en los frentes militares suponía el abandono del terreno de clase. El abandono de la lucha de clases suponía la derrota del proceso revolucionario.
5.- En España, en agosto de 1936, ya no existía una revolución, sólo había lugar para la guerra. Una guerra exclusivamente militar, sin carácter revolucionario de ningún tipo.
6.- Las colectivizaciones y socializaciones en el plano económico no son nada cuando el poder estatal está en manos de la burguesía.
En segundo lugar, cabe señalar el nudo gordiano que se presentó como una encrucijada a la semana siguiente del 19 de julio: o bien se barría al Estado capitalista, y el proletariado entraba en una fase superior de la lucha de clases, mediante la coordinación de los múltiples comités revolucionarios y el inicio de una guerra revolucionaria, o bien se permitía que el Estado capitalista reconstruyese su aparato de dominación.
En tercer lugar cabe preguntarse por qué se abandonó la alternativa revolucionaria. La respuesta es muy sencilla: no existió ninguna vanguardia revolucionaria capaz de coordinar los comités revolucionarios surgidos tras la derrota del golpe militar, no existió una vanguardia capaz de centralizar el poder de esos comités-gobierno, única forma de defender y profundizar la insurrección revolucionaria de Julio. La revolución de Julio desbordó a la CNT, y al resto de organizaciones obreras, del mismo modo que había desbordado a los partidos burgueses y al Estado republicano. La inexistencia de esa vanguardia capaz de coordinar y centralizar el poder obrero de los comités surgidos por doquier, allí donde el fracaso de los fascistas conllevó el hundimiento del Estado republicano, desde Andalucía hasta Cataluña, de Asturias a Aragón, impuso una situación muy inestable, favorable a una rápida restauración del Estado capitalista.
Estas tesis sobre el proceso revolucionario y contrarrevolucionario español explican y aclaran de forma lógica, rigurosa, precisa y determinante muchas actuaciones individuales y colectivas, que de otro modo se nos aparecen como absurdas, inexplicables, o tozudamente erróneas; así por ejemplo: la convocatoria de los líderes cenetistas a una reunión con Companys el 21 de julio en el Palacio de la Generalidad, la aceptación por un pleno de la CNT del colaboracionismo con el gobierno de la Generalidad, la formación en julio del 36 del CCMA, así como su posterior disolución en septiembre del 36, la entrada de militantes de la CNT en el gobierno de la Generalidad, la militarización de las Milicias, la entrada de ministros anarcosindicalistas en el gobierno de la República, la inmediata aprobación por esos nuevos ministros anarquistas de la huida del gobierno de Madrid, la colaboración de los líderes anarquistas en el sofocamiento de la insurrección obrera de mayo del 37, el pacto de unidad CNT-UGT de 1938, la colaboración con el gobierno estalinista de Negrín, etcétera.
3.- DE JULIO A MAYO: ¿INCONTROLADOS O REVOLUCIONARIOS?
Mayo del 37 empezó a gestarse una semana después de las jornadas revolucionarias de julio del 36.
En Cataluña la insurrección revolucionaria de las masas trabajadoras había conseguido derrotar al ejército, desorganizar el aparato administrativo y represivo del Estado, y desplazar a la burguesía de sus funciones dirigentes. No sólo se había hecho fracasar el alzamiento militar contra la República, sino que la estructura e instituciones burguesas del propio Estado capitalista habían sucumbido. La clase obrera catalana tomó las armas de los cuarteles asaltados, consiguió que los cuerpos represivos confraternizaran con el pueblo en armas, e implantó un nuevo orden revolucionario basado en los comités-gobierno10[10]; organizó y dirigió la producción en las empresas, expropiadas a la burguesía, que fueron colectivizadas o socializadas; y constituyó una Milicias Populares, que situaron las líneas del frente en Aragón.
El poder estaba "en la calle". El pueblo estaba armado. Pero ninguna organización proletaria tomó el poder. La clase obrera conservó sus antiguas organizaciones sindicales y políticas, sin crear nuevos órganos de poder obrero (centralizado y unificado). Y no sólo eso, sino que para sostener al difuminado, desacreditado e impotente gobierno burgués de la Generalidad, que se desmoronaba como un azucarcillo en el agua, se creó el denominado Comité Central de Milicias Antifascistas (CCMA). El CCMA no fue EN NINGÚN MOMENTO el embrión de un nuevo poder obrero, sino un organismo de colaboración de clases11[11], un gobierno provisional que ayudó a restablecer el poder de la Generalidad, burguesa y republicana. El CCMA sustituyó al gobierno de la Generalidad en aquellas funciones que le era imposible seguir desempeñando, tras el descalabro de las instituciones burguesas, especialmente ejército, orden público y producción. El poder del Presidente Companys era sólo nominal, pero era también el poder potencial del Estado capitalista, al que los anarquistas no sólo dejaban subsistir, sino al que ayudaban a sobrevivir y reconstruirse, permitiéndole "legalizar" a
posteriori las conquistas revolucionarias obtenidas durante las jornadas de julio. El CCMA adquirió, sin buscarlo, todos los atributos de un gobierno. Pero en lugar de centralizar el poder revolucionario de los comités locales, de defensa, obreros, campesinos y de todo tipo, se convirtió en el principal obstáculo para su unificación y fortalecimiento. El CCMA fue el salvavidas de la Generalidad en un mar de comités revolucionarios locales, aislados entre sí, que en Cataluña ejercieron un poder efectivo, asentado en la punta de los fusiles, entre el 19 de julio y el 26 de septiembre12[12]. De ahí que la potencialidad revolucionaria de esa miríada de comités se canalizara cada vez con mayor fuerza en unos comités de carácter antifascista o frentepopulista.
EN NINGÚN MOMENTO SE DIO UNA SITUACIÓN DE DOBLE PODER. Este es un concepto fundamental para comprender la revolución y la guerra civil española. El CCMA fue un organismo de colaboración de clases. No era el germen de un poder obrero ENFRENTADO al poder del Estado capitalista. Y esto era obvio para los principales dirigentes13[13] políticos, participaran o no en el CCMA. Por esta razón, la disolución del CCMA no fue un hecho traumático, ni excesivamente importante: fue tan sólo un paso más en el proceso de reconstrucción del poder estatal, fracturado y maltrecho tras las jornadas de julio, pero no aniquilado o totalmente destruido. La formación del nuevo gobierno de la Generalidad, con la entrada de la CNT y el POUM, fue la continuidad lógica14[14] de la labor desempeñada por los distintos partidos y sindicatos en el CCMA, como muletas del gobierno burgués de la Generalidad, que le ayudaban a caminar y rehacerse.
Este proceso contrarrevolucionario, de reconstrucción del poder estatal capitalista, no dejó de manifestar cierto número de contradicciones, y por supuesto fue disfrazado o maquillado por los cuadros dirigentes de la CNT, con los conocidos argumentos "circunstancialistas" de la unidad antifascista, la necesidad de ganar la guerra, la minoría cenetista en otras regiones de España, el peligro de asustar a las democracias occidentales, etcétera. O incluso el más ingenuo de la renuncia a una "dictadura anarquista". ¿O quizás esperaban que el Estado capitalista ayudara a los anarquistas en la revolución social que eran incapaces de hacer? De hecho el 11 de agosto consintieron la formación de
un Consejo de Economía, que confiaba al gobierno de la Generalidad la planificación de la economía catalana.
La principal contradicción, para la CNT, en este imparable proceso de reconquista de todas las funciones propias del Estado capitalista, radicaba en que sólo podía hacerse a costa de la también ininterrumpida e imparable pérdida de las "conquistas" arrancadas por las masas en julio. La fuerza de la CNT radicaba en su predominio sobre los comités revolucionarios, y la debilidad de éstos en su sumisión a la CNT, organización que en Cataluña representaba a la clase obrera de forma absoluta y casi exclusiva. La ambigüedad de la CNT, y de todos los organismos revolucionarios, en Cataluña, radicaba en que la potenciación de los comités-gobierno hubiera roto la decidida política de unidad antifascista de la CNT y el POUM con el estalinismo y los partidos de la burguesía republicana.
La situación era profundamente inestable, pero la CNT cifraba sus expectativas en la pretensión de mantener "congelada" esa situación. La atomización del poder en una situación extremadamente compleja, confusa y transitoria se puede simplificar (teóricamente) en un juego a tres bandas: uno, el poder de la burguesía y del Estado que se resistía a desaparecer; dos, los múltiples comités-gobierno, no coordinados ni centralizados, e inconscientes de su propio papel; tres, el CCMA que era un organismo de colaboración de clases, encarnación del compromiso entre una CNT, que se negaba a tomar el poder y a coordinar o potenciar los comités-gobierno, y la burguesía republicana, que pugnaba por reconstruir el aparato estatal. Pero al igual que dice la Iglesia Católica de la Trinidad, se trataba de tres personas en un solo dios. La historia inmediata demostraría que el CCMA ahogó en su embrión las organizaciones de poder que la clase obrera se había dado, y que su papel (consciente o no) no fue otro que el de ayudar a la restauración del aparato estatal capitalista en todas sus funciones. El juego a tres bandas no pasó de ser un engaño, que permitió la rápida consolidación del Estado burgués y convirtió en un espejismo las posibilidades revolucionarias de los comités-gobierno. El 26 de septiembre de 1926 anarquistas y poumistas entraron en el gobierno de la Generalidad de Cataluña: Nin por el POUM y Doménech, Fábregas y García Birlán, por la CNT. El 2 de octubre se producía la disolución del CCMA. El 12 de octubre se publicó un Decreto de la Generalidad que ordenaba la disolución de los Comités Locales (de carácter revolucionario), que debían ser sustituidos, en breve plazo, por nuevos ayuntamientos de carácter frentepopulista. El 27 de octubre otro Decreto de la Generalidad conseguía la militarización de las Milicias Populares. El 4 de noviembre de 1936 cuatro ministros anarquistas entraban en el gobierno de la República: Joan García Oliver, Federica Montseny, Joan Peiró y Juan López. La posición de Durruti se expresaba ese mismo día en un discurso radiofónico, de gran impacto entre los obreros barceloneses, en el que se oponía al decreto de militarización de las Milicias Populares, amenazaba a la burguesía por sus avances contrarrevolucionarios, criticaba la burocratización de la CNT, y abogaba por un mayor compromiso y sacrificio de la retaguardia para ganar la guerra. El 6 de noviembre, el gobierno de la República (con los cuatro nuevos ministros anarcosindicalistas recién incorporados) huía de un Madrid, asediado por los fascistas, y se establecía en Valencia. En enero de 1937 Tarradellas preparó los 58 Decretos llamados de S'Agaró, en los que legislaba todo tipo de medidas, fundamentalmente financieras, que fortalecían la Generalidad en detrimento de las conquistas revolucionarias de Julio y de la capacidad de acción de las organizaciones obreras. Los 58 Decretos de S'Agaró son no sólo un récord por su número, sino sobre todo un monumento a la contrarrevolución, y una solemne bofetada a quienes despreciaban el poder "legal" del gobierno de la Generalidad. No debemos olvidar que entre las causas que empujaron a las jornadas de mayo se encuentran el decreto de orden público que disolvía las patrullas de control, el progresivo encarecimiento de las subsistencias, así como la resistencia de los obreros al progresivo control ejercido por el gobierno de la Generalidad en las empresas, que era fruto de la puesta en práctica de los decretos de S'Agaró.
Desde diciembre del 36 hasta mayo del 37 asistimos a un forcejeo y una creciente tensión entre las constantes concesiones de la CNT, la marginación del POUM, las insaciables demandas de la
Generalidad para recuperar todas sus funciones, la conversión del PSUC en refugio, baluarte y bandera de la burguesía y los contrarrevolucionarios, y la agobiante presión y penetración de los soviéticos en los aparatos del Estado, tanto en Cataluña como en el gobierno central.
Es por esta razón que las Patrullas de Control, y todos los aspectos referentes a orden público, control de fronteras y comunicaciones, aparecen en el ojo del huracán. Para los militantes revolucionarios, que en la terminología utilizada por sus adversarios se les calificaba con la palabra "incontrolados", la conservación del dominio del orden público, las fronteras y las comunicaciones y, por supuesto, la existencia de las Patrullas de Control era el non plus ultra, que señalaba el punto de no retorno en las permanentes concesiones de los dirigentes confedérales. Pero la masiva eclosión de mayo del 37 sería inexplicable si no considerásemos la sorda y cotidiana lucha en el seno de las empresas contra la aplicación de los decretos de S'Agaró, y en defensa de "las conquistas de julio".
La insurrección revolucionaria de julio del 36 se había basado en los Comités de Defensa de Barriada o Locales, creados y entrenados muchos meses antes15[15]. Tras las jornadas de julio fueron reconocidas "legalmente" las Patrullas de Control, como una policía revolucionaria dependiente del CCMA.
Pero las Patrullas de Control (muy mitificadas, pero que en realidad no hacían otra cosa que asumir las funciones antes desempeñadas por la policía local o guardia urbana) no abarcaban a todo el movimiento insurreccional, quedaban fuera todos esos Comités de Defensa Locales o de Barriada, y otros grupos o militantes. De ahí el ataque de todas las fuerzas políticas, incluidas la CNT-FAI y el POUM, contra los llamados "incontrolados".
El calificativo, de carácter despectivo, tenía a su favor la fácil acusación de los desmanes y tropelías de algunos delincuentes. Pero también era una acusación contra la CNT, y su capacidad de "control" de la propia afiliación. De hecho en la prensa, incluida la confederal, que en su inmensa mayoría era partidaria del colaboracionismo, la palabra "incontrolado" se hizo sinónimo de delincuente. Significado que en la prensa burguesa o estalinista no tenía más importancia, porque identificaban a los revolucionarios como delincuentes. Lo grave y contradictorio era cuando desde la CNT, o desde el POUM, se utilizaba el concepto de "incontrolado" para justificar el abandono de los propios principios ideológicos.
En todo proceso revolucionario surgen grupos, o individuos, que utilizan en provecho propio la fuerza de las armas. Pero esa minoría, puede ser reprimida rápida y fácilmente por parte de un poder obrero consolidado, como muestra el caso ruso. En el caso catalán es evidente que el ataque a los "incontrolados" es, casi siempre, un ataque a la justicia proletaria (ajena a la legalidad burguesa) y a los
revolucionarios16[16], esto es, a quienes no quieren renunciar a las conquistas obtenidas por el proletariado en la insurrección de julio, o incluso las quieren llevar "más lejos".
Este planteamiento presupone una opción política muy concreta17[17], que estudia y explica los hechos, las ideologías y las contradicciones de la revolución española de 1936-1937, como consecuencia de la inexistencia de una vanguardia revolucionaria.
Por supuesto, la utilización del término "incontrolado" no fue, ni lo es hoy en el debate histórico, una palabra inocente y aséptica. Es un término absolutamente clasista y despectivo con el que la burguesía intentaba desprestigiar y difamar a los revolucionarios. No en vano Los Amigos de Durruti, en mayo de 1937, tuvieron que oír el insulto de incontrolados, junto al de agentes provocadores e irresponsables, con el que les obsequió la propia FAI. Su delito no fue otro que el de intentar dar unos objetivos revolucionarios al proletariado que combatía en las barricadas.
En todo relato histórico se opta siempre por un determinado punto de vista político previo, que muy pocas veces es explícito, y casi siempre se niega y oculta, en aras de una pretendida "objetividad", tan sublimada como inexistente18[18].
Una última observación: mayo fue la derrota definitiva del proceso revolucionario iniciado en julio del 36. Pero no fue el fin del proceso contrarrevolucionario, ni tampoco el punto final del colaboracionismo confederal, que llegaría a sus últimas consecuencias con la firma del pacto CNT-UGT en marzo-abril de 1938 y la entrada en el gobierno estalinista de Negrín.
4.- ORÍGENES DE LOS AMIGOS DE DURRUTI. LA OPOSICIÓN A LA MILITARIZACION Y LA TRAYECTORIA PERIODÍSTICA DE BALIUS.
La Agrupación de Los Amigos de Durruti se fundó formalmente el l7 de marzo de 1937, aunque sus orígenes se remontan a octubre de 1936. En la Agrupación se daba la confluencia de dos corrientes principales: la oposición de los milicianos anarquistas de la Columna Durruti (y de la Columna de Hierro19[19]) a la militarización de las Milicias Populares, y la oposición al gubernamentalismo, que halló su mejor expresión en los artículos de Jaime Balius (pero no sólo de Balius) en Solidaridad Obrera, desde julio hasta noviembre de 1936, en Ideas, desde diciembre de 1936 hasta abril de 1937, y en La Noche, desde marzo hasta mayo de 1937.
Ambas corrientes, la "miliciana" de rechazo a la militarización de las Milicias Populares, representada por Pablo Ruiz, y la "periodística" de crítica al colaboracionismo gubernamental de la CNT-FAI, encabezada por Jaime Balius, se opusieron a la ideología circunstancialista confederal (que servía de coartada para el abandono de los principios característicos y fundamentales del anarquismo), encarnada con diversos matices, por Federica Montseny, Juan García Oliver, "Diego Abad de Santillán" o Juan Peiró, entre otros.
El rechazo a la militarización de las Milicias Populares creó un serio malestar en diversas unidades de milicianos anarquistas, que se concretaron en el pleno de columnas confedérales y anarquistas reunido en Valencia del 5 al 8 de febrero de 193720[20]. Pablo Ruiz asistió como delegado de los milicianos de la Columna Durruti, en el sector de Gelsa, reacios a la militarización, y los hermanos Pellicer como representantes de los milicianos de la Columna de Hierro21[21]. En el sector de Gelsa se llegó a una desafiante desobediencia de las órdenes recibidas de los Comités Regionales de la CNT y la FAI para que aceptasen la militarización. La hostilidad entre los milicianos de la Columna Durruti que aceptaban la militarización, y quienes la rechazaban, creó serios problemas, que condujeron por fin a la creación de una comisión de la Columna, presidida por Manzana, que planteó el problema al Comité Regional. Como resultado de estas conversaciones se optó por dar a todos los
milicianos la posibilidad de escoger, en el término de quince días, entre dos alternativas: la aceptación de la militarización impuesta por el gobierno republicano, o el abandono del frente22[22].
La trayectoria periodística de Balius, entre julio del 36 y el fin de la guerra, es muy significativa. Sus posiciones políticas en defensa de la revolución permanecen prácticamente inalterables, mientras su situación profesional y personal muestran una rápida mutación, paralela al avance de la marea contrarrevolucionaria.
Balius que el 20 de julio se encargó, con la única ayuda de su amigo Gilabert, de sacar Solidaridad Obrera a la calle23[23], publicó desde julio hasta primeros de noviembre de 1936 numerosos artículos en el principal órgano de la CNT. Algunos tenían un carácter puramente informativo24[24], propios de un reportaje periodístico; pero muchos de ellos, sin duda los más interesantes, fueron artículos de opinión política. Esos artículos, que constituían una columna habitual de Solidaridad Obrera25[25], aparecieron en algunas ocasiones en portada con el carácter de editoriales del diario26[26]. Y es muy probable que Balius fuera el redactor de varios editoriales (en septiembre-octubre de 1936), publicados anónimamente27[27] como expresión de la línea política de Solidaridad Obrera. Pero fuera cual fuese su grado de participación en la redacción de esos editoriales, sí que puede afirmarse sin dudas de ningún tipo que Balius, en las páginas del órgano de la CNT en Cataluña, jugó en septiembre y octubre de 1936, mientras "Liberto Callejas" fue director de la "Soli", un destacadísimo papel ideológico, como modelador y formador de la posición política del principal diario
cenetista. En sus artículos se manifestó siempre la defensa de las conquistas revolucionarias de julio, y la necesidad de profundizarlas, para lo cual propugnaba duras y tajantes medidas de represión, o de "salud pública" como le gustaba decir a Balius en recuerdo de la Revolución francesa, contra la amenaza contrarrevolucionaria de la burguesía28[28].
A primeros de noviembre de 1936, "Liberto Callejas" fue cesado como director de Solidaridad Obrera. En su lugar fue nombrado Jacinto Toryho29[29]. Recordemos que el 4 de noviembre se producía la entrada de cuatro ministros confedérales en el Gobierno de la República; y esa misma noche, a las nueve y media, Durruti pronunciaba por radio un discurso amenazante contra los avances de la contrarrevolución burguesa y la burocratización de la CNT, que tuvo fuerte resonancia entre los trabajadores cenetistas y causó gran inquietud entre los dirigentes políticos de la burguesía catalana. El nombramiento de Toryho respondía a la necesidad de que el director de la "Soli" fuera un férreo defensor de la política circunstancialista y colaboracionista de la CNT. El discurso de Durruti fue publicado CENSURADO Y SUAVIZADO en el número del 6 de noviembre de Solidaridad Obrera. A finales de diciembre Toryho ya había conseguido deshacerse del antiguo equipo de colaboradores de "Liberto Callejas", opuesto a la política oficial cenetista, es decir, de Jaime Balius, "Mingo", Alejandro Gilabert, Pintado, Galipienzo, Borrás, Gamón30[30], etcétera, sustituidos por las colaboraciones de destacados líderes anarcosindicalistas como Peiró, Federica Montseny y "Abad de Santillán", fieles amigos de Toryho, como Leandro Blanco (ex-redactor de un diario monárquico), y las prestigiosas firmas de "progresistas" como Cánovas Cervantes y Zamacois31[31].
Merece ser mencionado con detalle uno de los últimos artículos publicados en Solidaridad Obrera (el 6-12-1936) por Balius, bajo el título de "El testamento de Durruti". En ese artículo se glosa
el discurso radiado por Durruti el 4 de noviembre32[32] desde Madrid, pocos días antes de su muerte, de una forma que a muchos anarquistas podía parecer provocadora, pero que nos anunciaba ya uno de los pilares ideológicos fundamentales de la futura Agrupación de Los Amigos de Durruti, esto es, el carácter totalitario de toda revolución proletaria:
Balius publicó el 17 de diciembre un artículo en Solidaridad Obrera, en el que denunciaba las actividades descaradamente contrarrevolucionarias del político democratacristiano Manuel Carrasco i Formiguera, que tuvo que exilarse para salvar su vida.
El 29 de diciembre de 1936 apareció el primer número de Ideas, órgano de la comarcal del Bajo Llobregat de la CNT. Balius publicó un artículo en casi todos los números de Ideas. Los artículos de Balius insistían en la denuncia del avance de la contrarrevolución33[33]. Destaca el ataque al Presidente de la Generalidad, Luís Companys, publicado en el número 15, del 8 de abril, bajo el título "Hagamos la revolución"34[34].
Ideas fue un antecesor directo de El Amigo del Pueblo. Aunque no todos los colaboradores de Ideas35[35] formaron parte de Los Amigos de Durruti, podemos afirmar que fue el órgano más destacado, junto con Acracia de Lérida36[36], de la corriente revolucionaria anarquista antes de mayo.
Balius fue nombrado director de La Noche el 26 de enero de 1937 por la Federación Local de Sindicatos. La Noche era un diario de la tarde, regentado por una cooperativa de trabajadores afiliados en su mayoría a la CNT, pero no constituía parte de la prensa orgánica confederal.
Fue en este diario donde se publicó, el 2 de marzo de 1937, el primer aviso sobre los objetivos y la forma de afiliarse a una nueva agrupación anarquista, que había tomado el nombre de: "Agrupación de Los Amigos de Durruti"37[37]. Desde primeros de marzo hasta las jornadas de mayo, La Noche, sin llegar a ser el órgano oficial de la Agrupación, se convirtió en el diario en el que Los Amigos de Durruti podían expresar libremente sus críticas a la política oficial confederal, gracias a su carácter no orgánico.
Los artículos más destacados son sin duda los de Balius, pero no podemos dejar de destacar los firmados por "Mingo", referentes al Municipio y la dirección de la economía por los sindicatos, porque constituyen un apartado muy importante en la teoría política de Los Amigos de Durruti.
En el número del 2 de marzo de 1937 Balius publicó un artículo titulado "Atención trabajadores. Ni un paso atrás", que tuvo la virtud de atraer la atención de Nin, que en La Batalla del 4 de marzo saludó ilusionadamente las concepciones expuestas por Balius, y por supuesto la formación de la Agrupación de Los Amigos de Durruti, que se anunciaba en ese mismo número, por las posibilidades que abría para dar un giro revolucionario a las masas cenetistas, que los dirigentes anarquistas conducían por la senda del reformismo más chato y miope.
Balius, en este artículo, arremetía contra la opinión cada vez más extendida en algunos medios anarquistas de que para ganar la guerra era necesario renunciar a la revolución. Y citaba sin tapujos un artículo firmado por el destacado militante trentista Peiró. Balius tras constatar el empuje de la contrarrevolución, que pedía ahora la disolución de las Patrullas de Control, atribuía la culpa a la permanente política de concesiones realizada por la CNT. El artículo propugnaba un cambio en esa política, pues sólo si se afianzaba la revolución en la retaguardia podría ganarse la guerra en los frentes de batalla. El título del artículo era pues muy significativo: ¡ni un paso atrás!
El 6 de marzo de 1937, Balius publicó en La Noche un artículo titulado "Actitudes contrarrevolucionarias. Las posiciones neutras son nefastas", en el que enumeraba las características del nuevo cuerpo de seguridad creado por el gobierno de la Generalidad, para constatar su carácter burgués al servicio del Estado capitalista, y en contra de los más elementales intereses de los trabajadores.
El 8 de marzo de 1937, se publicó en La Noche uno de esos artículos tan característicos del estilo de Balius en los que, mediante una sagaz mezcla de información y opinión, comentaba el espectáculo que ofrecían esos trenes abarrotados de barceloneses en busca de alimentos en las zonas rurales. A través de la descripción de las gentes que se agolpaban en los vagones, Balius criticaba las nuevas medidas en el funcionamiento de la provisión de abastos, implantadas por el dirigente estalinista Comorera. En el número del 11 de marzo de 1937, La Noche publicó un artículo dedicado a glosar la figura de Durruti. Balius rememoraba la arenga que pronunció Durruti por radio desde el frente de Madrid, algunos días antes de su muerte, en la que se lamentó de que la retaguardia no viviese la guerra. La solución para Durruti radicaba en hacer la guerra adecuadamente, enrolando a los burgueses en batallones de fortificaciones, y poniendo a todos los trabajadores en pie de guerra. Según Balius, la muerte de Durruti fue seguida de un majestuoso entierro, pero nadie recogió su pensamiento. De ahí, concluye el articulista, que en la actualidad llegue a afirmarse que la guerra civil es una guerra de independencia, y no una guerra de clases, como propugnaba Durruti. Balius terminaba el artículo afirmando que Durruti era más actual que nunca, y que la fidelidad a su memoria pasaba por la defensa de sus ideas.
Al día siguiente, el 12 de marzo, Balius publicó en La Noche un artículo titulado "Unas declaraciones de Largo Caballero. La contrarrevolución en marcha", en el que criticaba unas recientes declaraciones del líder ugetista, que calificaba de contrarrevolucionarias, puesto que confirmaban el propósito de volver a la situación anterior al 19 de julio, desmantelando las colectivizaciones y socializaciones de las empresas una vez ganada la guerra.
En La Noche del 13 de marzo de 1937, apareció un artículo firmado por Balius, titulado "Hemos de hacer la guerra. Nuestro porvenir lo requiere", que propugnaba una economía de guerra y criticaba la política económica de la Generalidad.
El artículo de Balius, "La barbarie fascista. Se ha de proceder con mano dura" (La Noche, 16-3-1937), comentaba los bombardeos de Barcelona, atacaba los canjes de refugiados en embajadas, y abogaba por la represión de la quinta columna. Apuntaba incluso a la creación de comités de vigilancia
de vecindario. El articulista llegó a la conclusión de que se imponía una inmediata depuración de la retaguardia como premisa necesaria para ganar la guerra:
"En la retaguardia no se ha efectuado una depuración [...] Continúan paseándose una gran cantidad de fascistas [...] Nuestros enemigos han de ser acorralados y eliminados [...] Quien trate de ahogar la justicia popular es un enemigo de la Revolución. Procedamos con la máxima energía. Aplastemos al enemigo. No sintamos temblar nuestro pulso. Actuemos con mano dura."
El 18 de marzo apareció en el diario La Noche una nota que daba cuenta de la constitución formal de Los Amigos de Durruti el día anterior. Félix Martí aparecía como secretario de la agrupación y Jaime Balius como vicesecretario. Se citaba como miembros de la junta directiva a José Paniagua, Antonio Puig, Francisco Carreño, Pablo Ruiz, Antonio Romero, Serafín Sobías y Eduardo Cervero.
El martes, 23 de marzo de 1937, Balius publicó en La Noche un artículo titulado "Es una hora de precisar. El papel de Cataluña en la Revolución española", en el que se defiende el papel del proletariado catalán como impulsor de una profunda revolución social, que no está acuciada como en Madrid u otras regiones españolas por las necesidades inmediatas de la guerra.
En el número del 24 de marzo se publicó en el diario una larga entrevista a Pablo Ruiz, miembro de la Agrupación y portavoz de los milicianos de Gelsa, opuestos a la militarización de las columnas. Se nos ofrece un breve e interesante esbozo biográfico de Pablo Ruiz, gracias al cual sabemos que fue miembro del comité revolucionario de Fígols el 8 de enero de 1933, que durante las jornadas de julio combatió al frente de cuarenta hombres en Las Rondas y en el Paralelo, que participó en el asedio y asalto final de Atarazanas, codo a codo con Durruti y Ascaso, y que partió hacia el frente de Aragón en la Columna Durruti, donde seguía combatiendo hasta el presente en el sector de Gelsa. Tras un canto a las virtudes y ventajas de las colectivizaciones campesinas anarquistas de Aragón, el entrevistador le preguntó su opinión sobre la militarización. Su respuesta era razonada, prudente y llena de matices; pero a la vez lo bastante coherente y radical, como para subrayar la incompatibilidad entre las concepciones anarquistas y la dirección de la guerra por la burguesía y su Estado republicano:
"Nosotros no nos oponemos a que se lleve a cabo una reorganización del Ejército, pues no se debe olvidar que fuimos los primeros en propugnar por el mando único colectivo [...] a cargo de delegaciones de diferentes columnas a fin de dar homogeneidad a la actuación de todas ellas.
Que venga una nueva estructuración, pero que el Ejército del pueblo no quede dependiente de la Generalidad, ni del Gobierno Central. Ha de estar controlado por la Confederación".
En la entrevista Pablo Ruiz hizo referencia al constante retroceso de las conquistas revolucionarias de julio, y al nacimiento de la Agrupación de Los Amigos de Durruti:
"Cuando marchamos al frente dejamos en manos de los compañeros la marcha victoriosa de la Revolución, desde el punto de vista anarquista. Pero en la estructuración de la misma se ha dado participación a partidos políticos que no sentían la revolución por tener que defender intereses de pequeño-burgueses y de la UGT, que comparada con nosotros tenía un reducido porcentaje en Cataluña [...] al pactar con ellos perdimos la hegemonía de la Revolución, y se han visto precisados a ir transigiendo día por día, con lo que se ha desfigurado la Revolución con la merma de las conquistas revolucionarias alcanzadas en los primeros días.
Ello ha dado lugar a la formación de los "amigos de Durruti", ya que esta nueva organización tiene como objetivo primordial conservar intactos los postulados de la CNT-FAI".
Pablo Ruiz terminaba la entrevista exponiendo su particular visión sobre la forma de encauzar de nuevo la revolución por el buen camino: 1.- Utilizar la propaganda en el seno de la CNT, sin ejercer la violencia, 2.- Propugnar una dirección sindical (cenetista) de la economía. 3.- Conseguir la exclusión de los partidos políticos. 4.- No pactar ni transigir con las fuerzas que cobijan la contrarrevolución, esto es, con el PSUC y la UGT:
"que sea la organización sindical [la CNT] la encargada de la dirección económica y social, sin dar participación a los partidos políticos, por considerar que no estaban capacitados para considerarlos renovadores. Todo ello sin pretender imponerlo por la fuerza, sino por medio de la propaganda en el seno de la CNT [...] Y soy opuesto a la participación de los partidos políticos, por estimar que traería aparejada la pérdida de la revolución a la que se ha de desembocar por todos los medios, pero nunca transigiendo con grupos que además de no sentir la revolución están en minoría."
Balius publicó un artículo titulado "La revolución tiene sus exigencias. Todo el poder a los sindicatos" (La noche, 27-3-1937), en el que comentaba la larguísima crisis de gobierno de la Generalidad. Es muy interesante la consideración que hacía de los sindicatos como órganos de la revolución. Caracterizaba la crisis de gobierno de la Generalidad como fruto del enfrentamiento propio de una dualidad de poderes: la Generalidad legislaba y decretaba, pero lo sindicatos no acataban las decisiones de la Generalidad. Para Balius el avance y consolidación de la revolución pasaba por dar el poder a la clase trabajadora, lo cual se resumía en la consigna: "Todo el poder para los sindicatos".
Balius es el autor de un interesantísimo artículo titulado "Un momento histórico. Un dilema categórico" (La Noche, 5-4-1937) en el que profundizaba en el significado de la crisis de gobierno de la Generalidad. Para Balius la Generalidad era una rémora del pasado, que no se correspondía con las nuevas necesidades revolucionarias:
"El Gobierno de la Generalidad es una fórmula que corresponde a un pasado, a un sistema pequeño-burgués que conlleva toda clase de incongruencias, de vacilaciones y de tartuferías."
Así pues, según Balius, cualquier solución a la crisis del gobierno de la Generalidad sólo podía ser un remiendo. El cambio de nombres en el gobierno no serviría de nada. Balius hizo incluso un velado llamamiento para que la CNT sustituyese la Generalidad por el poder de los obreros, y anulase la existencia de los partidos contrarrevolucionarios:
"No somos pesimistas, pero creemos honradamente que no se está a la altura de las circunstancias.
El dilema es terminante. El porvenir del proletariado exige decisiones heroicas. Si algunas organizaciones quieren yugular la Revolución, ha de disponerse a asumir la responsabilidad del momento histórico que por su misma grandiosidad presupone un cúmulo de medidas y de decisiones que no desentonen de la hora actual.
Con la Revolución o en la acera de enfrente. Términos medios no pueden cuajar."
Balius publicó en La Noche del 7 de abril el artículo "En esta hora grave. La voluntad soberana radica en el pueblo", en el que se reafirmaba en las posiciones expuestas en su artículo del día 5-4-37, y en los ataques contra Companys.
"Mingo" publicó varios artículos en La Noche38[38], caracterizados por su vehemencia, que daban la alerta sobre el avance de la contrarrevolución, se exaltaba el espíritu revolucionario del anarquismo (considerado incompatible con un colaboracionismo gubernamental al que debía ponerse fin), se atacaba a la UGT, al PSUC, a Comorera y a Companys por sus constantes difamaciones anticonfederales, se sumaban a la necesidad imperiosa (expuesta por Balius) de acabar con la Generalidad, y se hacían eco del creciente malestar popular. Pero el más interesante de todos ellos es el que dedica a los municipios, porque sus concepciones (aquí sólo esbozadas) serían expuestas ampliamente en el programa desarrollado por Los Amigos de Durruti, después de Mayo, en El Amigo del Pueblo. En ese artículo39[39] "Mingo" afirmaba:
"El municipio es el verdadero Gobierno revolucionario."
Según "Mingo", tras el 19 de julio el gobierno de la Generalidad no tiene misión alguna que realizar. No existe ya más política a hacer que la política económica, y ésa es misión de los sindicatos. Así pues, según "Mingo", el municipio, regido por los obreros, y con una política económica dirigida por los sindicatos, podía y debía sustituir el papel del Estado.
Balius en el número del 14 de abril de 1937, publicó en el diario La Noche un artículo conmemorativo del aniversario de la proclamación de la República: "Una fecha histórica: 14 de abril", en el que subrayaba el carácter pequeño-burgués de la jornada en que se proclamó la República, y en el que atacaba el catalanismo, fuese de derecha o de izquierda, fuese Macià o Cambó, porque tanto uno como otro renunciaban a su nacionalismo frente a la amenaza del proletariado catalán.
Estos artículos de Balius (y de otros miembros de Los Amigos de Durruti), de tan variada temática, generalmente de opinión política, pero en ocasiones de carácter informativo, fueron sin duda alguna el aglutinante de una corriente crítica de oposición a la política colaboracionista de la CNT. No fue Balius el único crítico, pero sí uno de los más destacados, y por supuesto el más constante, coherente y radical. El mérito de Balius radica en que consiguió el apoyo de un numeroso grupo de milicianos opuestos a la militarización de las Milicias. El agrupamiento de esos milicianos, liderados por Pablo Ruiz, junto con otros elementos anarcosindicalistas, opuestos a la política colaboracionista confederal, encontró en los artículos y críticas de Balius la expresión teórica de sus posiciones políticas. Posiciones que se concretarían en el programa expuesto en el cartel de finales de abril de 1937, y que se expondrían detalladamente en El Amigo del Pueblo, editado después de las Jornadas de Mayo.
Así pues, en resumen, aunque la Agrupación se fundó formalmente el 17 de marzo de 1937, sus orígenes se remontan al profundo malestar creado entre los milicianos por el decreto de la Generalidad sobre la militarización de las Milicias Populares, esto es, hacia finales de octubre de 1936, en vida de Durruti. Por otra parte, Balius había ya destacado en 1935 como periodista e ideólogo anarquista, conocido por sus interesantes aportaciones teóricas sobre el nacionalismo, sus furibundas críticas contra la acción política de la burguesía catalana, sus ataques a Macià y Companys, su denuncia del fascismo catalanista encarnado por Dencás y Badía, así como por sus análisis sobre los hechos de octubre del 34 en Cataluña, desde una perspectiva cenetista. La colaboración entre Jaime Balius y
Pablo Ruiz tampoco era ninguna novedad, puesto que habían escrito juntos un folleto40[40], y ambos habían formado parte del mismo grupo de afinidad anarquista "Renacer", nombre de la editorial que antes de julio de 1936 había publicado los folletos de Balius41[41]. Además de Jaime Balius y Pablo Ruiz formaron parte del grupo "Renacer", Francisco Pellicer (destacado dirigente del Sindicato de Alimentación de la CNT de Cataluña) y Bruno LLadó (que durante la guerra fue concejal del Ayuntamiento de Sabadell y delegado comarcal del departamento de economía de la Generalidad)42[42].
5.- LA AGRUPACION DE LOS AMIGOS DE DURRUTI DESDE SU FUNDACIÓN HASTA LOS HECHOS DE MAYO.
En octubre de 1936 el decreto de militarización de las Milicias Populares produjo un gran descontento entre los milicianos anarquistas de la Columna Durruti, en el Frente de Aragón. Tras largas y enconadas discusiones, en febrero de 1937, cerca de un millar de milicianos voluntarios, establecidos en el sector de Gelsa, decidieron abandonar el frente y regresar a la retaguardia43[43]. Se pactó que el relevo de los milicianos opuestos a la militarización se efectuaría en el transcurso de quince días. Abandonaron el frente, llevándose las armas.
Ya en Barcelona, junto con otros anarquistas (defensores de la continuidad y profundización de la revolución de julio, y opuestos al colaboracionismo confederal con el gobierno) los milicianos de Gelsa decidieron constituir una agrupación, que no era un grupo de afinidad44[44]más, como tantos otros existentes en los medios anarcosindicalistas, ya que se daba como objetivo la lucha contra la burocracia y la realización inmediata de la revolución. Así pues, la Agrupación se constituyó formalmente en marzo de 193745[45], tras un largo período de gestación de varios meses, iniciado en
octubre de 1936. La Junta directiva fue la que decidió tomar el nombre de "Agrupación de Los Amigos de Durruti", nombre que por una parte aludía al origen común de los ex-milicianos de la Columna Durruti, y que como bien decía Balius, no se tomó por referencia alguna al pensamiento de Durruti, sino a su heroica muerte y a su mitificación popular.
La sede central de la Agrupación estaba situada en Las Ramblas, esquina a la calle Hospital. El crecimiento de los miembros de la Agrupación fue rápido y notable. Se llegaron a repartir entre cuatro y cinco mil carnets de adheridos a la Agrupación. Una de las condiciones indispensables para formar parte de la Agrupación era la de ser militantes de la CNT. El crecimiento de la Agrupación era consecuencia del descontento anarquista ante la política claudicante de la CNT.
La actividad y el dinamismo de la Agrupación fueron frenéticos. Desde su constitución formal, el 17 de marzo, hasta el 3 de mayo, la Agrupación efectuó diversos mítines (en el Teatro Poliorama el 19 de abril y en el Teatro Goya el 2 de mayo), lanzó diversos manifiestos y octavillas, y llenó los muros de Barcelona con carteles que explicaban su programa46[46]. En este programa destacaban dos puntos:
1.- Todo el poder para la clase obrera. 2.- Órganos democráticos de obreros, campesinos y combatientes, como expresión de ese poder obrero47[47], al que llaman Junta Revolucionaria.
También propugnaban que los sindicatos asumieran la plena dirección económica y política del país. Y cuando hablaban de sindicatos se referían a los sindicatos confedérales, con exclusión de la UGT. De hecho algunos de los miembros de la Agrupación habían abandonado su militancia en la UGT, para afiliarse acto seguido a la CNT, y cumplir así el requisito indispensable para pertenecer a Los Amigos de Durruti.
En realidad, aunque el origen obrero de los componentes de la Agrupación hacía que todos estuviesen afiliados a la CNT, la mayoría eran militantes de la FAI, por lo que bien puede decirse que la Agrupación de Los Amigos de Durruti eran un grupo de anarquistas que, desde un purismo doctrinal ácrata, se oponían a la política colaboracionista y estatalista de la dirección de la CNT, y de la propia FAI.
Tenían cierta fuerza dominante en el Sindicato de la Alimentación, ramificado por toda Cataluña, así como en las cuencas mineras de Sallent, Suria, Fígols y Cardona, en la comarca del Alto Llobregat. Influían también en otros sindicatos, en los que eran minoritarios. Algunos de sus adherentes formaban parte de las Patrullas de Control. Pero jamás formaron una fracción o grupo, ni pretendieron infiltrarse en las Patrullas.
No podemos caracterizar a la Agrupación como un grupo plenamente consciente y organizado que planeara una acción metódica. Eran uno de tantos grupos anarquistas, constituidos más o menos informalmente, en torno a unas determinadas afinidades características. No eran tampoco buenos propagandistas o teóricos, sino más bien un grupo de proletarios que sentían la necesidad instintiva de enfrentarse a la política claudicante de la CNT y al proceso contrarrevolucionario en auge.
Sus portavoces, más destacados fueron, sin duda alguna, Jaime Balius y Pablo Ruiz. También las Juventudes Libertarias de Cataluña48[48], en su periódico mural49[49], expresaron desde marzo hasta mayo del 37, reivindicaciones similares a las de Los Amigos de Durruti.
El 14 de abril de 1937, la Agrupación lanzó un Manifiesto50[50] en el que se oponía a la conmemoración burguesa del aniversario de la proclamación de la República, porque ello sólo podía servir de pretexto para fortalecer las instituciones burguesas y la contrarrevolución. Frente a la conmemoración de la República, frente a una Generalidad y un Luis Companys, que eran la proa de la contrarrevolución burguesa, Los Amigos de Durruti oponían la conmemoración del 19 de julio, y exhortaban a la CNT y a la FAI para que diesen una salida revolucionaria al callejón sin salida de la crisis gubernamental de la Generalidad. Crisis que se inició el 4 de marzo, con un decreto de disolución de las Patrullas de Control, que al no ser acatado por la CNT, supuso la salida de los cenetistas del gobierno de la Generalidad.
En este Manifiesto se citaban multitud de agravios contra los revolucionarios, desde el caso más famoso de Maroto, que también encontró una voz indignada en la sumisa Solidaridad Obrera, hasta casos menos conocidos, como los sucesos de Olesa de Montserrat. El Manifiesto en realidad recopilaba los puntos programáticos que habían ido desgranándose, desde primeros de marzo, en los artículos de Balius, "Mingo", y otros, en La Noche. Y hallaban su compendio en el primer párrafo del Manifiesto:
"El Estado capitalista, que sufrió una arremetida formidable en las memorables jornadas de julio, se mantiene todavía en pie por la obra contrarrevolucionaria de la pequeña burguesía. [...] La crisis de la Generalidad es una demostración categórica de que se ha de estructurar un mundo nuevo, prescindiendo por entero, de las formas estatales. Ha llegado la hora de que la legión de pequeño burgueses, tenderos y guardias sean barridos sin piedad. No es posible transigir con la contrarrevolución [...]. La hora actual es de vida o muerte para la clase trabajadora. [...] No dudemos. La CNT y la FAI por ser las organizaciones que recogen el latido popular, han de dar una salida revolucionaria al callejón sin salida [...] Poseemos los órganos que han de sustituir al Estado en ruina. Los Sindicatos y los Municipios han de hacerse cargo de la vida económica y social [...]."
El domingo 18 de abril la Agrupación convocó un mitin en el Teatro Poliorama, que quiso ser una presentación pública de su existencia y de su programa51[51]. En el mitin intervinieron Jaime Balius, Pablo Ruiz (delegado de la Agrupación de Gelsa de la Columna Durruti), Francisco Pellicer (del Sindicato de Alimentación de la CNT de Cataluña), y Francisco Carreño (miembro del Comité de guerra de la Columna Durruti). El acto tuvo un gran éxito y los conceptos expresados por los oradores fueron ampliamente aplaudidos.
El primer domingo de mayo (el día 2) la Agrupación convocó en el Teatro Goya otro mitin de presentación, que llenó el teatro a rebosar y provocó un entusiasmo delirante entre los asistentes. Se proyectó el documental titulado "Diecinueve de julio", en el que se revivieron los instantes más emotivos de las jornadas revolucionarias de julio del 36. Intervinieron Pablo Ruiz, Jaime Balius, "Liberto Callejas" y Francisco Carreño. En el acto se advirtió que era inminente un ataque de la reacción contra los trabajadores.
Los Comités dirigentes de la FAI y CNT no hicieron demasiado caso de esta nueva oposición surgida en el seno del movimiento libertario, pese a las furibundas críticas que les eran dedicadas. Era frecuente en los medios anarquistas la aparición centelleante de agrupaciones con un ascenso meteórico, que desaparecían en la nada tan rápido como habían surgido.
El programa expresado por Los Amigos de Durruti ANTES DE MAYO DEL 37 se caracterizaba por el énfasis puesto en la gestión de la economía por los sindicatos, la crítica de todos los partidos y de su colaboracionismo estatal, así como cierto retorno a la pureza doctrinal ácrata.
Los Amigos de Durruti expusieron su programa en el cartel con el que cubrieron los muros de Barcelona a finales del mes de abril de 1937. En esos carteles, que propugnaban ya, ANTES DE LOS HECHOS DE MAYO, la necesidad de SUSTITUIR al gobierno burgués de la Generalidad de Cataluña por una Junta Revolucionaria, se decía lo siguiente52[52]:
"Agrupación de Los Amigos de Durruti. A la clase trabajadora:
1.- Constitución inmediata de una Junta Revolucionaria integrada por obreros de la ciudad, del campo y por combatientes.
2.- Salario familiar. Carta de racionamiento. Dirección de la economía y control de la distribución por los sindicatos.
3.- Liquidación de la contrarrevolución.
4.- Creación de un ejército revolucionario.
5.- Control absoluto del orden público por la clase trabajadora.
6.- Oposición firme a todo armisticio.
7.- Una justicia proletaria.
8.- Abolición de los canjes de personalidades.
Atención trabajadores: nuestra agrupación se opone a que la contrarrevolución siga avanzando. Los decretos de orden público, patrocinados por Aiguadé no serán implantados. Exigimos la libertad de Maroto y otros camaradas detenidos.
Todo el poder a la clase trabajadora.
Todo el poder económico a los sindicatos.
Frente a la Generalidad, la Junta Revolucionaria."
El cartel de abril del 37 anticipa y explica la octavilla lanzada durante las jornadas de mayo, y abraza muchos de los temas y preocupaciones tratados por Balius en los artículos publicados en Solidaridad Obrera, La Noche e Ideas (sobre la justicia revolucionaria, el canje de prisioneros, la necesidad de que la retaguardia viva para la guerra, etcétera). Se plantea por primera vez la necesidad
de una Junta Revolucionaria que sustituya al gobierno burgués de la Generalidad. Esa Junta Revolucionaria53[53] era definida como un gobierno revolucionario formado por obreros, campesinos y milicianos.
Pero lo más importante es la expresión conjunta de las tres consignas finales. La sustitución del gobierno burgués de la Generalidad por una Junta Revolucionaria, aparece junto a la consigna de "Todo el poder para la clase trabajadora" y "Todo el poder económico a los sindicatos"54[54].
El programa político expresado en ese cartel, inmediatamente antes de las jornadas de mayo, es sin duda el más avanzado y lúcido de todos los grupos proletarios existentes, y convierte a la Agrupación en la vanguardia revolucionaria del proletariado español en ese momento crítico y decisivo. Y así lo reconocieron el POUM y la Sección bolchevique-leninista de España55[55].
6.- LOS HECHOS DE MAYO [56]
El sábado primero de mayo no hubo ninguna manifestación en Barcelona. La Generalidad había declarado laborable la jornada, en beneficio de la producción de guerra, aunque el motivo real era el temor a un enfrentamiento entre las distintas organizaciones obreras, a causa de la tensión creciente en diversas comarcas y localidades catalanas. Ese mismo sábado el consejo de la Generalidad se reunió para examinar la situación preocupante del orden público en Cataluña. El citado consejo aprobó la eficacia demostrada en las últimas semanas por los consejeros de seguridad interior y defensa, a quienes se acordó otorgar un voto de confianza para resolver las cuestiones de orden público todavía pendientes56[57].
Acabado el consejo, se reunió una comisión formada por los consejeros de defensa57[58] y seguridad interior, y el primer consejero, para tratar cuestiones de orden público58[59]. Parece difícil creer que la iniciativa de ocupar la Telefónica fuera una decisión personal del consejero de seguridad Artemi Aiguadé. Es más probable que esa decisión se tomara en la comisión reunida tras el consejo del día 159[60], o bien fuera resultado del incidente del domingo día 2, cuando la conversación telefónica entre Companys y Azaña (que se encontraba en Barcelona) fue groseramente interrumpida por militantes de la CNT. Sin duda, si la operación fracasaba, el consejero de seguridad asumiría toda la responsabilidad política. Companys el lunes día 3 estuvo, muy oportunamente, de viaje en Benicarló, para entrevistarse con Largo Caballero, lo cual le permitió desvincularse de los primeros acontecimientos. Sea como fuere, la acción política de Companys, con su cerrada e incomprensible negativa a destituir a Artemio Aiguadé y a Rodríguez Salas60[61], como exigió la CNT el mismo día 3, fue uno de los más importantes detonantes de los enfrentamientos armados de los días siguientes.
El lunes, 3 de mayo de 1937, tres camiones de guardias de asalto, fuertemente armados, se detuvieron ante la sede de la Telefónica en la Plaza de Cataluña. Estaban dirigidos por Rodríguez Salas, militante de la UGT y estalinista convencido, responsable oficial de la comisaría de orden público en Barcelona. El edificio de Telefónica había sido incautado desde el 19 de julio por la CNT. El control de las comunicaciones telefónicas, el control de las fronteras y las patrullas de control eran el caballo de batalla, que desde enero había provocado diversos incidentes entre el gobierno republicano de la Generalidad y la masa confederal. Era una lucha inevitable entre el aparato estatal republicano, que reclamaba el dominio absoluto sobre todas las competencias que le eran "propias", y la defensa de las "conquistas" del 19 de julio por parte de los cenetistas.
Rodríguez Salas pretendió tomar posesión del edificio de la Telefónica. Los militantes cenetistas de los pisos inferiores, tomados por sorpr